18 de abril de 2009

El entusiasmo que revitaliza

Me encanta la docencia, y es algo que he podido practicar en temporadas desde joven. Sin duda, cualquier maestro o profesor me dará la razón cuando digo que las mejores satisfacciones que puede uno sentir ocurren cuando un pupilo con dificultades de aprendizaje progresa y crece antes sus ojos, o cuando alguien a quien enseña termina dándole una gran lección de vida.

Viví algo similar cuando tuve la bendición de guiar a un adolescente en su propósito de tocar mejor el sintetizador. Su aparente dificultad: distrofia muscular, una enfermedad que lo debilitaba mucho y lo tenía en silla de ruedas con arnés para poder mantenerse móvil. Su ánimo: la más contagiante alegría y el más inspirador entusiasmo por hacer realidad lo imposible. Este chico ya formaba parte de una banda musical y de un grupo de teatro en su escuela; me hablaba con emoción sobre los artistas que le gustaba escuchar y me reproducía alguna canción de moda con manos que parecían mucho más pesadas de lo que en realidad eran; tocaba las escalas de Hanon a 70 pulsos por minuto y juraba que me daría la sorpresa de tocarlas a 120. Y me la dio.

Hacer lo que nos da felicidad a pesar de los obstáculos, es vivir a plenitud. Tener control de lo que parece incontrolable ayuda a vivir a plenitud. La superación motiva a quienes nos rodean y ese jovencito me enseñó en ese momento que la ayuda nos llega más fácilmente cuando mostramos esa inspiración en lo que hacemos. Hay héroes y magia en todas partes, y eso inspira.

(Dedicado a mi amigo Pedro Bastidas)
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