21 de abril de 2009

El sufrimiento positivo

Si no me pasara nada triste, impactante, inesperado o aterrador, mi vida sería aburrida y no tendría nada que poner en canciones. Hasta los temas de amor tienen un poco de miedo y ansiedad en ellos; y las canciones optimistas no las necesitan precisamente aquellos con ánimo inagotable, sino los desesperanzados. Disfrutamos haciendo o escuchando una canción alegre simplemente porque hemos conocido la depresión. Ese contraste, ese ir y venir del blanco al negro, nos mantiene vivos emocionalmente y como creadores. Sin sufrimiento, no hay felicidad, no hay arte.

Y, para sufrir, sólo basta ser vulnerable, quebrantable. Yo escribo canciones porque soy débil con frecuencia. A veces me desanimo y escribo los versos que me curan. A veces la incertidumbre me agobia y una mezcla de ritmos me pueden enmarcar un himno de seguridad. A veces una decepción, una sorpresa o una frustración me lleva a cantar el mantra que luego me iré repitiendo. No crean que soy un perfecto practicante de lo que predico, pues son en realidad afirmaciones que mi alter ego me canta para sentirme fuerte cuando olvido mi fortaleza.

De eso me di cuenta hoy. Por más equilibrado que pueda yo ser, es mi vulnerabilidad, mi sensibilidad al caos, lo que siempre me vuelve creativo. Mi música es mi sufrimiento positivo; como dije antes, "ibuprofeno para el corazón".
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