25 de mayo de 2009

Reggaetón del bueno

Hace unos meses participé como votante en una de esas competencias que patrocina OurStage para promover a sus artistas suscritos. Me dediqué a escuchar unas 150 canciones categorizadas como de género latino, una etiqueta excesivamente amplia y mal empleada que los portales de habla inglesa le han achacado a todo lo que sea cantado en español o venga del sur del Río Bravo; y era una tarea que podía parecer tediosa, pero en realidad fue muy divertida y enriquecedora.

Allí me crucé con mucha fusión de ritmos, con temas de jazz, salsa, merengue, hip hop, rock, punk, bossa, bachata, toda una ensalada mixta de estilos tan disímiles bajo el renglón "Latin". Y una canción que me gustó mucho era a compás de reggaetón. Ajá, reggaetón, eso que ocho de cada diez amigos míos detestan. Mi sorpresa fue sumamente grata porque por fin había escuchado una progresión armónica interesante y una agradable interpretación vocal dentro del género que le rinde culto al perreo.

Así que le di uno de mis votos, feliz por haber hallado un buen ejemplo de algo que siempre repito: ningún estilo es mejor que otro. Todos son dialectos; cada uno el lenguaje que hilvana subculturas, maneras de vivir y de pensar, la identidad de grupos sociales, y la forma de sentir de gente que comparte las mismas necesidades espirituales.

Por eso me parece discriminatorio odiar el reggaetón y denigrar a quien lo escucha. Yo no lo escucho simplemente porque no es mi idioma, que a la vez es la misma razón por la que no escucho el tango o el yaraví arequipeño. Pero siempre aprecio cuando una composición o una interpretación en estos estilos -o en cualquier otro- llega a satisfacer mis expectativas musicales y se conecta con mi sensibilidad o mi racionalidad.

Sin duda hay mucha música que se hace con fines meramente comerciales, aprovechando modas y cansando a oyentes de radio o a espectadores de canales de videos, pero la gente siempre aprecia lo que se conecta con ella. Y las canciones que logran esa conexión merecen admiración y respeto sin importar el ritmo que sigan y el idioma que hablen.

Como dijo Duke Ellington, en realidad sólo existen dos tipos de música, la buena y la mala. Y yo añado: la única música mala es la que no llega.
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