23 de enero de 2009

Todo o nada

Uno más uno, igual a uno
Dos menos uno, igual a nada
Uno por uno, igual a mucho
Dos entre dos, igual a todo


luiser
Junio 1995

luiserQuantcast

18 de enero de 2009

Sin dinero da miedo, ¿verdad?

Un comentario que escuché mucho en recientes fechas navideñas es el que asegura que el año 2009 viene con dura recesión. Parece inminente que me afectarán la caída bursátil en Wall Street, el peor índice de inflación en Latinoamérica, un presupuesto nacional disminuido, un recorte en el cupo de divisas en Venezuela, y nuevos impuestos que seguro vienen.

Y yo me dedico a escribir y cantar canciones. Es como para que a mi papá le dé otro ataque de pánico. El primero lo tuvo cuando yo aún no me graduaba de la universidad y se me ocurrió comprarme un sintetizador último modelo en efectivo y sin previa consulta, aunque el dinero era mío. Cuando me preguntó cuánto había costado y escuchó mi respuesta -"Tres mil dólares"-, me hizo sentarme para tener una de las conversaciones más serias entre padre e hijo que recuerdo.

Hasta entonces, mi papá tenía un hijo con gusto por la música, que se reunía con amigos del vecindario a tocar después de clases y que ocasionalmente lo hacía sentir orgulloso en algún recital de aficionados. Él y mi mamá siempre apoyaban mis incursiones, pero gastarme una fortuna en un instrumento profesional estudiando yo para ser un docente de idiomas era un acto incoherente y extremo que le disparó la alarma a mi viejo. El que yo pudiera dedicarme por completo a lo musical era sin duda algo que él no había considerado en serio, y supongo que el nivel de seriedad dependía de cuánto dinero se gastaba. Sin embargo, Tiburcio -así bauticé al famoso sintetizador (sí, les pongo nombres a mis teclados)- me retornó la inversión monetaria con creces. Todo lo musicalmente impensable lo hice con él, el primer disco, la primera gira. No me hizo millonario, pero me ayudó a demostrar el nivel de seriedad de mi vocación y la posibilidad de tener mis propios ingresos como artista.

Ahora, unos 20 años después, el temor parece volver. Ahora soy yo papá, y sigo siendo cantautor independiente en una economía inestable donde impera la piratería de discos, son reducidas las opciones de trabajo musical y la competencia es mayor. Es como para aterrarse y desistir, ¿no? Pues, resulta que ahora es cuando más feliz me siento haciendo lo que hago, y cuando más bendigo mis talentos y el conocimiento de mis limitaciones y posibilidades. Temer al fracaso o a la pobreza sería algo que me frenaría, y no me quiero frenar.

Además, la recesión es un estado mental.
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Notas relacionadas:
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