17 de febrero de 2009

Diez claves para el éxito de un músico (segunda parte)

Creo en la imitación de la actividad admirable. En algún lado leí que, para ser exitoso, también sirve el método de emular a quien tiene éxito. Por eso en un principio me sentí motivado a seguir las ideas y los pasos de gente que me parece genial, progresista y próspera. Con cada experiencia, con cada logro y cada fracaso, se va uno haciendo la idea de cómo es el perfil del exitoso en este trabajo, y siempre quise compartir lo que he notado. Cuando comencé a escribir sobre el tema, el tiempo y el espacio me llevaron a dividir este artículo en dos partes (la primera está aquí) y, como les debo la segunda, procedo a saldar deuda. Aparte del autoconocimiento, el compromiso, los recursos, la adaptabilidad y la disposición a actuar y reposar, necesitamos:

6 Responsabilidad: La capacidad y el deber de responder ante lo que hacemos, lo que se espera de nosotros, y nuestros errores, ante los demás y ante nosotros mismos. Si nos comprometemos a dedicar nuestros talentos, cualidades y recursos a lo que nos llevará a la realización profesional, debemos tener claro que somos completamente responsables de que ello ocurra, nadie más. De nosotros depende aprender nuevos acordes, sacarle un mejor sonido a un aplificador de bajo, llamar la atención de la prensa, lograr un contrato discográfico, o conquistar un mayor público. No depende de más nadie, ni de profesores, ni de representantes, ni de la suerte. Y no pretendo decir que todos quienes aportan también sus talentos a nuestras metas personales a través de la cooperación o del trabajo remunerado son prescindibles; no pretendo menospreciar al valioso fan que apoya e inspira desinteresadamente. Me refiero a que somos nosotros mismos los iniciadores de nuestra carrera y los formadores de nuestros caminos. Todo acto es causa y a la vez efecto y, si tenemos un buen o mal mánager, nuestro sonido es excelente o mediocre, nos miman o nos tratan mal en un club, nos escuchan o nos ignoran, siempre seremos nosotros los causantes a través de nuestra actitud, nuestro obrar, nuestras decisiones, nuestro empeño, nuestra capacidad de inspirar a los demás. Por otro lado, tener un talento especial también implica el deber de cuidarlo y usarlo para bien; así nos volvemos éticos y no cometemos el pecado de anular un don preciado que muchos otros desearían tener. Si quieres cantar y quieres que te escuchen con respeto y reconocimiento, ¿de quién depende?

7 Humildad: Sin menospreciar nuestras cualidades, debemos reconocer que existen músicos con conocimientos más completos que los nuestros, más virtuosismo, mayor versatilidad y más experiencias de éxito. Hay que reconocer la veteranía de artistas que se iniciaron antes que nosotros y de quienes siempre podemos aprender. Admitamos que nuestras interpretaciones son susceptibles de mejoría en la medida en que nos dediquemos a nuestro desarrollo. Aceptemos que nuestras obras musicales son simplemente el modesto resultado de nuestra necesidad por expresarnos a través de las herramientas creativas (dentro y fuera de nosotros mismos) a las que hemos podido recurrir, y que no por ser fruto de esfuerzo han de ser del gusto de todo aquel que las escuche; aceptemos el rechazo como un gesto de respeto hacia las preferencias de los demás (siempre que ese rechazo no esté motivado por la discriminación, claro está). Reconozcamos la posibilidad de equivocarnos y de que otros estén también en lo cierto aunque tengamos opiniones contrarias. La humildad no es la aceptación de otros y el reconocimiento de nuestras limitaciones a regañadientes y con envidia oculta; es la actitud de aprecio hacia lo que distingue al prójimo, hacia la capacidad ajena de ser especial también; es también estar conscientes de que, si bien podemos ser líderes, precursores, innovadores, iniciadores, exitosos, también somos resultado de la contribución de mucha gente, directa e indirectamente. No vale solamente saber quiénes somos; vale también saber cuál es nuestro sitio y que somos parte de algo más grande. La humildad lleva al solista a permitir que el público admire al acompañante. Es una virtud que ayuda a la confluencia de todo lo que atrae el éxito.

8 Buenas relaciones: Dedicarse a la música es una labor profundamente social que nos exige “don de gente”, así seamos los seres más tímidos o arrogantes que puedan existir. Nuestro trabajo es esencialmente comunicativo; nuestra expresión requiere del oído que gustosamente se abre a nuestras melodías; nuestros esfuerzos son más efectivos cuando se comparten con gente que simpatiza con nuestros ideales; nuestros propósitos se concretan más rápidamente cuando nos comunicamos con respeto y reconocimiento, cuando hacemos del agradecimiento un gesto cotidiano, cuando se nos retribuye la magia que rodea la generosidad. El éxito podría medirse también con la capacidad que tenemos de atraer gente dispuesta a brindarnos cosas positivas, a quienes debemos lo mejor que tenemos. El interés en los demás es importante y debe practicarse como una forma de “personificación” o “humanización” de entes tan genéricos como “los fans”, “la prensa”, “el público”, “la industria”. Quien se interesa en nosotros merece también atención; debemos evitar el egocentrismo o la inaccesibilidad, hacernos amigos de quienes acompañan nuestro viaje, del asistente de tarima que corre a traernos la botellita de agua y nos cambia la cuerda rota, del crítico que nos quiere perfectos, del promotor que nos recibe en una ciudad tras invertir su dinero en nosotros, del jovencito que se acerca a pedirnos un autógrafo no porque seamos estrellas y merezcamos idolatría (estamos en la Tierra, no en el cielo), sino porque admira que podamos hacer algo que lo emociona o que quiere imitar y una firma nuestra nos hace más suyos. Si quieres que te escuchen, escucha; si quieres amor, ama.

9 Equilibrio: He visto talento y potencial disminuidos por el desbalance: la salud descuidada, la rendición ante vicios, el fanatismo, la promiscuidad, el abandono de hábitos cuando se cree ya obtenido el éxito, la ignorancia, la vanidad, el mal temperamento. Igual como podemos ser responsables de atraer logros, podemos ser nuestros propios enemigos y sabotear nuestras intenciones sin darnos cuenta. El espíritu artístico es propenso a la liberación de todo lo que usualmente se frena y se limita, a la prueba de lo que no se ha probado, a la exaltación de las emociones, al atrevimiento y al exceso; pero el alcance de metas exige una mínima dosis de mesura y autocontrol.

10 Pasión: Es disfrutar esa mezcla del fervor con la emoción del reto; de la inquietud que acompaña la creación, con la fascinación que causa el resultado; del placer que da la comunión entre músicos y audiencia en un divertido juego de expresión artística, con el entusiasmo inagotable que nos hace jóvenes eternos; de las horas que vuelan cuando hacemos lo que nos gusta, con la fortaleza que nos hace más llevadero cualquier sacrificio y más defendibles nuestras ideas; del paliativo escape y la necesaria catarsis, con el ánimo de hacer lo mismo todos los días de nuestras vidas así no nos paguen. Es sencillo: cuando sentimos amor por aquello a lo que nos dedicamos, somos indetenibles y el éxito no nos puede eludir.

Todos estos elementos que veo necesarios para crecer pueden solaparse, y cada músico puede tomarlos como una referencia para medir sus capacidades. En mi caso, busco constantemente desarrollarlos todos para seguir sintiéndome una persona realizada; y dentro de unos segundos, cuando le coloque el punto final a este texto, me habré sumado otro pequeño gran logro. Espero que ustedes se sumen uno también hoy.
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12 de febrero de 2009

Diez claves para el éxito de un músico (primera parte)

A los artistas musicales a menudo se nos califica el nivel de éxito según el número de discos grabados, la frecuencia de nuestros conciertos y el tamaño de sus auditorios, los otros artistas que nos rodean, altos números de ventas, la cantidad de fans, la posición de una canción nuestra en carteleras de radio, e incluso cuánto se reproducen nuestros videos en YouTube y MTV. Además, se nos mide de acuerdo a nuestras apariciones en entrevistas de TV, las nominaciones y los premios recibidos, cuántas ciudades se suman a nuestras giras, y la cantidad de versiones que otros artistas hacen de nuestras melodías. Pero, para mí más importante aún, está también la simple medida de la satisfacción personal como prueba más inmediata de nuestros logros individuales.

No escribiría esto si no me sintiera exitoso. Sin duda habrá quien note en este momento de mi carrera que no soy recurrente en la televisión, ni en la radio, ni en las salas de concierto, ni en las listas de iTunes. No podría medirme con esas varas, pero sí me siento muy complacido con mis modestos logros, con lo que he alcanzado a nivel profesional de una manera anónima, con los nuevos amigos que han decidido acompañarme el camino y con el hecho de que ahora debo pasar horas respondiendo emails de quienes me expresan apoyo. Y el éxito también lo tienen muchos otros colegas a ese nivel esencial, en quienes he notado los siguientes elementos fundamentales que creo pueden ayudarnos a alcanzar lo que queramos, como creadores de música o simplemente como individuos que desean progresar.

1 Autoconocimiento: Es fundamental tener claro quiénes somos, qué deseamos, qué sabemos hacer y qué no, qué virtudes poseemos y qué debilidades nos limitan, qué tipo de personas preferimos tener alrededor, qué necesitamos mejorar, qué necesitamos afianzar, cómo nos percibe la gente y cómo deseamos ser percibidos. Saber quiénes somos y apreciar nuestras cualidades alimentan nuestra identidad y autoestima, nos dan mayor confianza en nosotros mismos y nos hacen merecedores y receptores de éxito. Si eres un cantante lírico que quiere interpretar canciones infantiles a ritmo de vallenato acompañado de ukulele en plazas públicas, porque es lo mejor que haces en la vida y quieres dedicarte a ello, celébralo y no esperes, cree en ti mismo y hazlo. Por otra parte, si sabes que no cantas bien y que eres un excelente timbalero, suelta el micrófono y afina los cueros, por favor.

2 Compromiso: Cuando queremos algo, sólo podemos alcanzarlo si dedicamos nuestra concentración y nuestros actos a ello. Es un matrimonio con la meta; es lo que motiva la constancia y evita que nos desviemos de nuestro propósito. Al comprometernos con nuestro ideal, hacemos lo posible por priorizar, planificar, practicar la virtud de la disciplina. Es casi matemático: si nos dedicamos a medias, las cosas nos saldrán a medias; si no nos compremetemos por entero, incompleto será lo que logremos, y eso sólo puede llevar a la frustración. ¿Quieres tocar en la sinfónica nacional? Deja ese empleo como mariachi. Y tú, ¿quieres ser mariachi? Deja de ser abogado. ¿Que la plata no alcanza y necesitas un empleo extra? Búscate dos como mariachi.

3 Recursos: Nuestras limitaciones se superan con recursos, mentales, humanos y materiales. La creatividad es una herramienta imprescindible, no sólo para darles vida a composiciones e interpretaciones musicales, sino también para resolver problemas e idear estrategias de promoción, por ejemplo. La paciencia también ayuda y, si no la tenemos, debemos desarrollarla. Igualmente la capacidad de negociar o de simplemente usar una computadora para configurar un perfil en MySpace, el cual también es un recurso. Todo talento es una herramienta también, lo sabemos, y si aparte del obvio don musical, hay otros necesarios que no poseemos, hay que desarrollarlos o recurrir a quien sí los tiene. Por supuesto, también necesitamos dinero, instrumentos, salas de ensayo, técnicos, contadores, publicistas; la lista la conocemos. El asunto es que, si sabes lo que necesitas, debes tenerlo: y si confías en lo que eres y estás comprometido con lo que anhelas, seguramente harás lo posible para conseguirlo. Se supera quien aumenta sus propios recursos a todo nivel.

4 Adaptabilidad: Como reza el dicho, la única constante es el cambio. En realidad, nunca seremos los mismos. Nuestros gustos varían; nuestras necesidades llegan a ser otras; la gente con la que trabajamos puede seguir otro camino; nos casamos o divorciamos; llegamos a ser padres y a perder gente muy importante en nuestras vidas; sufrimos experiencias traumáticas que pueden llegar a anularnos y podemos de repente adoptar creencias completamente distintas. Y todo esto les pasa también a aquellos a quienes dedicamos lo que hacemos: nuestro público o nuestro mercado, como se quiera ver. La tecnología avanza; nuestras máquinas se deterioran y vuelven obsoletas; el reggaetón puede pasar de moda y cederle su lugar al "bolerón" o al "rock-and-rolletón"; la gente dejará de comprar CDs y la música simplemente volará todo el tiempo por el aire esperando a que alguien la capte en su super-smart-phone de séptima generación. Todo campo profesional sigue ese principio darwiniano de evolución del más apto, y ello exige capacidad de adaptación sin dejar de ser la misma especie. Adaptarse al cambio no implica volverse como los demás, sino seguir siendo quienes somos en esencia después del ajuste. Y para adaptarnos, necesitamos identidad y recursos. ¿Eres especie en extinción?

5 Movimiento y reposo: Obvio, para tener éxito hay que trabajar, actuar, hacer, echarle ganas, correr incluso. Pero es mentira que la gente exitosa sólo trabaja y trabaja. Después de largas horas de grabación, dedos ampollados o un posible síndrome del túnel carpiano, hay que relajarse y disfrutar de la música que hemos creado. Después de sudar en el escenario, hay que parar y gozar el aplauso. Después de una gira, hay que pasear en la montaña, jugar a la pelota con un niño, ver el mar con amigos y familiares, o realizar esa fantasía de hacer el amor a luz de luna. Y debe ser un reposo total que repone, que ayuda a asimilar lo que se ha hecho, que facilita la autoevaluación, la recarga de energía y metas. No debe ser un reposo con culpa por no estar haciendo nada. Exhaustos, aislados y sin el aliciente de otras satisfacciones en la vida, no podremos sentirnos plenos y felices. Alguien infeliz no puede ser productivo y exitoso.

Así que ahora me voy a reposar. En mi próxima nota explicaré los otros cinco elementos que necesitamos para crecer aún más profesionalmente, que parecen extrapolarse a cualquier campo y que sin duda pueden complementarse con otros que ustedes consideren pertinentes. Ah, y hablando de música, ¿ya han escuchado la mía? ¿Aún no? ¿Cómo va a ser?
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8 de febrero de 2009

Coldplay, Satriani y los límites del plagio


Cuando escuché Viva la Vida de Coldplay por primera vez, quedé transportado. La combinación de su letra con el arreglo me pareció de tan buen gusto, balanceada emotividad, excelente y eficiente manera de hacer llegar un mensaje, que olvidé por completo que es una canción con una sencilla sucesión de cuatro acordes que se repite siempre. Un caso similar es el de With or Without You de U2: armonía a cuatro compases, profunda emoción, excelente forma de llevar a un oyente. No soy fan de Coldplay, pero esa nueva canción de la banda es sin duda una inteligente mezcla de todos los elementos que hacen un buen tema pop, a mi parecer.

Ahora Coldplay enfrenta un litigio por plagio promovido por el virtuoso solista de la guitarra eléctrica Joe Satriani, que asegura que parte de su obra If I Could Fly fue copiada al crearse Viva la Vida. La noticia me hizo recordar lo absurdas que me parecen algunas implicaciones de los derechos de autor, especialmente en el área musical.

Después de investigar un poquito, me topé en YouTube con una comparación de ambas canciones que más sorprendido no me podía dejar. El parecido se reduce a tres notas con mismo orden y duración sobre una progresión armónica que no es idéntica. Además, la instrumentación es distinta y el aire de los arreglos es distinto, sin mencionar el hecho de que en el tema de Coldplay hay un verso cantado y en el de Satriani sólo se escucha la melodía de una guitarra.

¿Cuándo hay plagio en música? Las leyes sobre derecho de autor fijan un número de criterios para determinarlo, como, por ejemplo, un cierto número de notas sucesivas que sean idénticas en dos composiciones. Pero, yendo más allá, hay otras consideraciones que se habrían de ventilar en una corte que se dedique a casos de plagio, y una de ellas es la comprobable posibilidad de que quien se acusa de ello haya escuchado lo plagiado.

Ahora bien, se han compuesto una chorrera de millones de canciones desde que al ser humano se le ocurrió tararear algo por primera vez. Cada uno de nosotros ha escuchado un gran montón de composiciones desde que nacimos, pero no hemos podido escuchar toda la música que ha originado el hombre. Sin embargo, ¿debe un compositor escucharlo todo antes de crear una melodía para estar seguro de que no copiará nada? ¿Cuántas canciones existen con idénticos arreglos armónicos y estilísticos que nunca han merecido la etiqueta de plagio? Pues, casi todas, si vemos la proporción. Y cuando decimos que un nuevo artista musical "suena" como otro más antiguo es simplemente porque sus melodías y arreglos se parecen. Al hablar de "influencias musicales", en realidad decimos que un artista escuchó tanto a ciertos otros que en su música ha acogido elementos que no son originalmente propios.

En los años 60, todos los grupos buscaban sonar como los Beatles. Muchos tendrían la intención de aprovechar un pujante mercado discográfico que demandaba un producto musical específico, pero estoy seguro de que muchos otros sonaban como el cuarteto de Liverpool simplemente porque se sentían identificados con su innovadora manera de expresión artística y les parecía también propia esa forma de decir las cosas. En otras palabras, "sonar" como alguien supone una saludable dosis de plagio, y afirmar que en música todo es 100% original es como pretender asumir la autoría del idioma castellano.

El acto condenable ha de ser el cometido por un individuo que reproduce forma y fondo, nota por nota, verso por verso, arreglo y ejecución, aunque sea parcialmente, de una obra anterior y con conocimiento de ella, para luego decir que le pertenece como autor. Pero mover un sistema judicial para pelear por una melodía de tres notas en contextos enteramente disímiles, que ya se ha escuchado en muchas otras composiciones y que para nada afecta lo que distingue a cada una de ellas, me parece en extremo absurdo, más en un caso en el que ambas canciones, en esencia y diciéndolo sin un ánimo despectivo, son poco originales. No sé; prefiero pensar que Satriani está siendo objeto de mala asesoría jurídica. Si no fuese así, sería otro ejemplo de esa doble moral que sigue hundiendo a la industria musical tradicional.
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