27 de agosto de 2009

70 profesionales de la música dan sus consejos (2)

3. Bernardo Sanoja Soulés

Cito a Lin Yutang, escritor e inventor chino:

Nadie puede salir a conquistar el mundo si tiene dudas de sí mismo.

Añado a eso una cita mía (aunque muy seguro estoy de que ya alguien habrá dicho esto y, como arreglista, reescribo la partitura):

La suerte no existe, existe es el éxito. La "suerte" es estar preparado en el momento indicado.

Con esto sólo quiero decir, prepárense y asegúrense de que, sea lo que sea que hagan en su vida, no hay nadie que lo pueda hacer mejor que ustedes. El día que la oportunidad toque su puerta, estarán listos para aceptar el reto y llevarlo a cabo exitosamente.

Bernardo Sanoja Soulés es un venezolano productor musical, ingeniero de sonido y director de Beyond Music Productions y Beyond Music Studios, en donde han podido trabajar artistas como Voz Veis, Aquiles Báez, Roberto Blades, Hany Kauam, Roque Valero, "El Pollo" Brito, y Gustavo Santaolalla. http://www.beyondmusicstudios.com


4. Nana Cadavieco

Es un camino dificil, pero NO imposible. Hay que hablar menos y hacer más. Y en la era 2.0 hay que aprovechar cada espacio para extender el arte que uno hace, tomándolo como un trabajo serio, 24/7.

La artista venezolana Nana Cadavieco acaba de lanzar su primer CD titulado Exposé, un excelente trabajo con influencias de rock, pop, disco punk, world music y electrónica. http://www.nanacadavieco.com


5. David Toro

Uno de los aspectos más importantes que considero debe tener claro cualquiera que desee incursionar en esto de la música es la personalidad. Queremos cantar como fulanito o ser como menganito y desvirtuamos lo que somos y lo que queremos. Es como la vida misma: Cada día se debe ser más "uno mismo". Obviamente no podemos tampoco caer en el extremismo de hacer las cosas sin importarnos en lo más mínimo la opinión de los demás. Es un balance entre lo que se quiere y lo que puede gustar a quienes nos aprecian. El arte es comunicación. Sin comunicación, no hay arte. Si no entramos en cierta sintonía con quienes queremos captar, no estaremos logrando lo que queremos. Sólo el tiempo, la paciencia y la constancia brindan este conocimiento. Así que, en resumen, diría que estos tres aspectos son vitales: personalidad, paciencia y constancia.

David Toro es un compositor, arreglista y productor musical venezolano que se especializa en el área publicitaria. http://www.myspace.com/davidtoromusic



6. Gerardo Ubieda

La sabiduria te la da la experiencia, pero la ingenuidad da la genialidad. Esta es mi opinión después de 40 años en la música. Al principio no sabes mucho, pero tienes ideas, ganas de hacer, crear. Después logras desarrollarte, conceptualizar y conseguir tu propio vocabulario.

El reconocido baterista Gerardo Ubieda ha sido desde 1977 la pieza unificadora de la legendaria banda venezolana de rock progresivo Témpano, líder de la agrupación OdraReg, y acompañante de infinidad de artistas venezolanos de renombre. http://www.tempano.com
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25 de agosto de 2009

La más básica relación de amor de un músico

De niño, siempre que podía, iba a una tienda de instrumentos musicales a unas cuadras de casa a ver su vidriera. Simplemente me paraba frente a ella a admirar guitarras y bajos eléctricos, saxofones, pianos, baterías y peroles de percusión que me parecían fascinantes, mágicos, obras de arte en sí mismos, objetos incluso sensuales que me provocaba tocar, sentir, manosear hasta más no poder.

No eran como mi guitarrita de juguete, ni como aquella tabla a la que le clavé ligas como cuerdas, o los potes de leche en polvo vacíos que me robaba de la cocina para golpearlos como tambores con los palitos que les quitaba a los ganchos de ropa, o el órgano eléctrico para niños en el que compuse mi primera tonada. Estos eran de verdad, para gente grande, como los que se veían en TV, en los afiches de los Beatles, en las salas de concierto.

Y yo quería uno de ellos, cualquiera, para hacer cosas como las que me gustaba escuchar. Eran el lápiz que necesitaba para escribir, el horno que requería para cocinar buen pan. Eran el traductor que pedían mis fantasías musicales para darse a entender. Cualquiera me serviría.

Primero me fijé más en la batería:
- Papá, quiero una batería; me gustaría estudiar percusión.
- Muchacho, eso hace mucho ruido; no quiero líos con los vecinos. Además, pesa mucho y si ves a los percusionistas en las orquestas sinfónicas, fíjate. Cinco minutos en silencio y ¡pun!, un palazo al timbal. Otros cinco minutos callado y ¡plash!, un platillazo. Es aburrido.

Después me enamoré de un saxo tenor:
- Papá, quiero un saxofón, como ese, como el que suena en tus discos. A ti te gusta, ¿no?
- Es bonito, sí. Pero es caro, hijo. Ahora no se puede.
- Ah, pero esa batería es más barata. La batería entonces, ¿sí?
- ¡Noooo no no! Ya te dije.

Mis papás en realidad querían complacerme, pero reconozco que los juguetes que me atraían eran algo suntuosos. A mí sólo me quedaba insistir y repetir que las 25 teclas de mi organito ya no me bastaban. Luego entré a estudiar en el conservatorio y muchos en mi clase tenían pianos o guitarras eléctricas. Yo necesitaba mi "lápiz".

Ahí apareció la guitarra que mi abuelo paterno había hecho con sus propias manos en su humilde carpintería. A él lo apasionaba escribir y cantar sus canciones, que grababa en discos de acetato o interpretaba en la radio cuando mucho de la música que por ahí sonaba era en vivo. Mi papá me enseñó a arpegiar mis primeros acordes. Pero la guitarra era una reliquia de familia y yo sólo podía usarla con supervisión. No era mía en realidad.

Al cumplir 14 años, me sorprendieron. Llegué de clases y ahí en la sala estaba con un gran lazote un órgano eléctrico Yamaha con 61 teclas, todas para mí, y ¡hasta con un banquito para sentarme! Fue cuando me desaté. Escribía una canción a diario y mis sueños excedían la capacidad de mis recursos.

Pero mi nuevo órgano no era portátil y yo quería tocar en un grupo, ser un poco más como Lennon. Unos amigos pudientes que tenían todo tipo de instrumentos me invitaron a su banda ¡como baterista! Y yo feliz, pero sólo las baquetas eran mías. Quería algo propio que pudiera llevar a todas partes y no quería depender de que alguien me lo comprara. Así que comencé a ahorrar todas mis mesadas (que en realidad era dinero de mis padres) y al año me compré mi primera guitarra eléctrica (que, a decir verdad, me compró mi papá al ver mi intención, porque el dinero sólo me alcanzaba para el amplificador).

La guitarra desapareció a los dos años, en unos de esos momentos caóticos en que corren equipos de una tarima a una camioneta de transporte. Me tocó entonces volver a mi órgano casero para expresar mi musicalidad. Y creo que este hecho fue el que definitivamente me llevó a trabajar principalmente con los teclados, instrumentos que eran siempre más costosos y que yo siempre pedía prestados para poder tocar con alguien más.

Uno de esos sintetizadores que años después logré comprar con mi propio dinero me lo robaron a punta de pistola anoche, y en este momento en que al fin asimilo que mi vida corrió peligro y que perdí a lo que podría llamar un amigo íntimo que me traducía sentimientos en notas musicales, me recuerdo de niño viendo los pianos en la vidriera de aquella tienda y entiendo que todo músico tiene una relación de amor con su instrumento. Ahora entiendo más esa locura mía de ponerles nombres a mis teclados y siento la pérdida como cuando lloré desconsolado ante mi muñequito preferido de la infancia por haber perdido un bracito. Hoy pienso en mi existencia y en el valor sentimental que puede dársele a algo material y sólo puedo agradecer la posibilidad que siempre he tenido de hacer música, aun cuando no tuviera mi propias herramientas; y esperar que Nepomuceno, el sintetizador robado (¡no se rían!) (bueno, sí, ríanse; es cómico el nombre) quede en manos de alguien que lo necesite como yo lo necesité.

Ahora, como tributo melodramático a mi teclado favorito, véanse el video de Grito y silencio, donde suena el último solo que grabé con él (de hecho, es el instrumento que sale en pantalla). Por cierto, hace tiempo prometí hablar de la producción de este video, pero luego pensé que sería redundar en algo que el mismo deja ver con facilidad. Se me cuidan.

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luiser

19 de agosto de 2009

70 profesionales de la música dan sus consejos (1)

Algunos son viejos amigos con los que he podido trabajar; otros son colegas que respeto y con quienes me cruzo en esta movida musical; unos más son modelos que decidí seguir desde la adolescencia; y otros cuantos son nuevos amigos que he podido conocer gracias a lo positivo de las redes sociales en Internet. A cada uno pedí una respuesta a esta pregunta:

¿Qué te habría gustado saber cuando te iniciaste en esta carrera?

Enseguida comenzaron a llover mensajes, algunos breves y lacónicos, otros tan extensos como un artículo entero; pero todos plenos de experiencia personal y valiosa. Fue interesante leer ideas que se solapan y a la vez confirmar que cada individuo tiene un poco de sabiduría única que es para mí un privilegio compartir con quienes leen este modesto blog. A todos ellos agradezco su disposición y aporte a la mejor clase magistral que pueda alguna vez brindar en este espacio. Mi admiración siempre.


1. Aditus

La recomendación para los que están comenzando es seguir ensayando y tocando en las buenas y en las malas; es decir, la constancia. También hay que aprender cuándo decir sí y cuándo decir no, ya que los músicos tienden a involucrarse en todo lo que les proponen y no todo es bueno (aunque lo aparente). A veces es más importante dejar de tocar.

Aditus es una de las bandas más populares y reconocidas de Venezuela. En sus más de 30 años de trayectoria ha grabado 13 discos y producido numerosos éxitos que son clásicos en la radio. Su más reciente producción De Alcabala a Peligro fue lanzada en 2008. http://www.aditusonline.com


2.
Bélica


Nunca den nada por SOBREENTENDIDO. Dejen todo por sentado en un papel firmado, así se trate de nuestros mejores amigos. Recuerden que mientras más claras sean las cuentas, más conservarán las amistades. Con esto me refiero a que tenemos que cuidar nuestros derechos de propiedad intelectual como artistas, compositores y creadores. Firmar un papel, por más sencillo que sea, les puede ahorrar años de frustración, traición, juicios, dinero, entre mil cosas más. Pero, sobre todo, evitar la tranca y la evolución de ustedes como artistas. ¡TODO FIRMADO!

Convicción, constancia, disciplina, y sobre todo PACIENCIA, son claves del éxito. No tiren la toalla. La incomodidad es sólo una prueba para seguir echando pa'lante.

Jamás en esta vida se deja de aprender. Tenemos que vernos como esponjas. No importa la edad ni el lugar, mucho menos el juicio ajeno. Tomar riesgos para probar, aprender, experimentar y desarrollar, para mí son claves básicas de la evolución artística. ¡NO TENGAN MIEDO! Asumir riesgos y retos es parte de esta gran aventura.


No se detengan esperando a la disquera que los va a firmar. Olvídense del ticket de la lotería. En estos tiempos modernos todos podemos sacar nuestros discos de manera independiente. Ahorren, háganse un capital, júntense con la gente que es, estén claros con su concepto y, sobre todo, NO ES NECESARIO BUSCAR LA APROBACION DE NADIE.


Bélica, hija del reconocido tenor venezolano Carlos Almenar Otero, es una figura del underground caraqueño que mezcla trip-hop, pop, rock y blues, y acaba de terminar la producción de su segundo disco como solista, Chica Chic. http://www.myspace.com/belicamusica
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17 de agosto de 2009

El artruista (o el artista que es altruista)

La mayoría de quienes creamos arte pasamos por una primera etapa del más puro egoísmo, cuando sólo nos importan lo que nos pasa, lo que necesitamos aprender, lo que queremos tener, lo que queremos expresar como experiencias y opiniones únicamente personales. Es la fase en la que somos ególatras y egocéntricos, y el período en que se vuelve obsesión el que nos valoren. Queremos ser mejor que los demás y medimos nuestra valía según nuestra fama y según la gente con la que nos codeamos. Creemos que nuestros talentos, nuestras obras y nuestro esfuerzo nos hacen merecedores de mucho, de la completa atención hacia todo lo que se nos ocurra hacer, del apoyo incondicional, del reconocimiento a través del premio que confirma, del tributo halagador. Es cuando nos parece casi condenable con horca cualquier acto de plagio o piratería y despreciamos al irrespetuoso que nos pida algo gratis. O, por otra parte, es cuando creamos sólo por amor al arte sin importar si nos ganamos el sustento o no, para luego aislarnos en un reducido círculo de amigos que nos aprecian la obra, con la idea de que, si alguien llega a interesarse en nosotros como artistas, ¡que nos busque!; eso sí, sin pretender cambiar nada en nosotros.

Pero luego, en el momento más impredecible, entramos (¡ojalá!) en una segunda etapa, justo cuando entendemos que nuestros dones y lo que hacemos con ellos no son fin sino medios; son aquello que usamos para cumplir una misión de vida que ya concientizamos. Vemos que la expresión, el placer, el entretenimiento, la reflexión, ya no son únicamente nuestros; son también de quienes nos siguen, gente que en realidad llega a admirarnos no por lo que somos, sino por lo que provocamos dentro de ella. Comprendemos que nuestro arte puede inspirar, abrir mentes, construir puentes, iniciar ideas, innovar, promover, mejorar, conmover, difundir cultura, enseñar, comunicar. Ahora nos enfocamos más en los demás y en sus necesidades, no únicamente en las nuestras. Caemos en cuenta de que incluso contribuimos a la economía local --o mundial-- con la creación de obras que ponen en movimiento industrias de todo tipo; y no nos sentimos indignos al recibir compensación por un trabajo que es, por naturaleza, tan servicial y social como el de un maestro o un bombero; ni menospreciables o paranoicos por regalar productos de nuestra inspiración. Podemos ser voceros y llamar la atención hacia obras benéficas, creencias religiosas, posiciones políticas, el bien común. Podemos ayudar a sanar el espíritu de incluso a quien desconocemos. Podemos trascender, si no en tiempo, al menos en espacio. Podemos ser útiles.

Está claro que hacer arte puede volvernos poderosos, y todo poder exige responsabilidad, demanda un buen uso. Para utilizar nuestro talento de la mejor forma y evitar desperdiciarlo, hemos de manifestar algo de altruismo.

Y tú, ¿ya eres artruista?
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8 de agosto de 2009

De cuando Carlos Jaeger me hizo cantar jazz

Las vueltas que da la vida me llevaron a conocer a Carlos Jaeger en 1992, cuando pasé a ser el tecladista/corista de su banda acompañante Solamente Todos en ese entonces. Tras otras tantas vueltas más, conciertos y horas de discusión en salas de ensayo, y las experiencias que profundizan una amistad y una comunión musical, me vi luego tomando con él la batuta en la creación de su segundo disco, Claroscuro, para mí un valioso esfuerzo creativo hecho en Venezuela que aún no se conoce masivamente.

Carlos tiene el don de escuchar música en las cosas que lee. Es un tipo muy apasionado y dedicado con lo que crea, y su repertorio es una amalgama de vivencias intensas expresadas con ritmos variados y arreglos casi teatrales que hacen de su show personal una experiencia muy estimulante.

Producir
Claroscuro exigió de mí mucha comunicación "metamusical" con Carlos y fue quizás esa capacidad de traducir sus ideas en un disco lo que me enriqueció como productor y arreglista. Y esa simbiosis que desarrollamos durante el proyecto la quiso él plasmar entre sus canciones al tener el gesto de invitarme a compartir la voz principal en una de ellas, una peculiar tonada con aire de jazz titulada Siente (más abajo hallarán un reproductor con esta y otra canción de Claroscuro).

Nos quedó el gusto de cantar juntos y, tras terminar las sesiones de grabación y mezcla en el estudio, las ganas de salir a tocar nos surgieron por igual. Yo me encontraba aún promoviendo mi disco Morfeo en radio y TV, y todavía me costaba conseguir el financiamiento de la gira para la cual ya mi banda estaba ensayada. De repente surgió la idea natural de subir a escenarios Carlos y yo para dar recitales íntimos y sin mucha parafernalia de producción. Creo que fue idea de él; no recuerdo.

El entusiasmo fue inmediato y los ensayos de Directo y sin enchufes en mi casa fueron muy creativos, porque teníamos que reducir arreglos de muchos instrumentos a apenas dos, y cuidar que sus canciones y las mías tuvieran en lo posible un sonido similar para darle más unidad al repertorio.

De esa etapa conseguí el video que aquí incluyo, hecho con recursos muy limitados y casi de manera improvisada. Su propósito era vender nuestro show a promotores y patrocinantes. Me dio nostalgia verlo ¡y pena también! Son algo torpes mis comentarios, pero es algo de historia personal que me da placer compartir con ustedes. Espero tener una copia de mejor calidad para incluirla en un DVD mío planificado para el año que viene. Ahora busquen algo de tomar y gócense esto.


luiser
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3 de agosto de 2009

15 reflexiones para hacer música sin límites

1. Las canciones pueden verse, y se ven con los ojos cerrados.

2. El talento te saca del cuarto. El trabajo te saca de casa. El amor te mantiene afuera.

3. La fama discrimina y no es referencia.

4. Es pecado copiar sin originalidad.

5. Si se es hombre, hay que ser más mujer, y viceversa. Y hay que ser infantil.

6. Hay millones de compositores e intérpretes diciendo las mismas cosas. ¿Por qué han de escucharme a mí?

7. Para escribir y cantar, hay que leer y escuchar.

8. Hay que saber decir la verdad con mentiras.

9. El artista que no se ha desnudado no ha dicho nada aún.

10. Una canción buena es como el espermatozoide que fecunda.

11. La comodidad que da un público aparentemente conquistado es nido de música redundante.

12. Los músicos sin opinión política y/o religiosa no existen.

13. La protesta más contundente es la del que teme la retaliación.

14. Puedo morirme mañana.

15. Si no escribo canciones, acelero mi muerte.
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