16 de septiembre de 2009

Los comienzos sin final

Hace un par de días mi hijo comenzó a ir a la escuela y recordé cuando tiempo atrás quería caminar y me alzaba sus brazos para que yo le sirviera de apoyo. Anteayer me los alzó de nuevo porque quería que lo cargara y lo sacara de allí. No quería entrar a conocer maestra; no quería entrar a jugar aunque yo le hubiera prometido que eso haría. Era otra primera vez que lo aterraba, pero con suavidad le bajé los bracitos y le dije "Anda, ve a jugar y a aprender cosas nuevas con los niños, y luego me enseñas a mí". Lo que quería decirle era "Hijo, comienza".

¡Qué fácil es decirle a otro que comience!, sobre todo si es un niño pequeño que no argumenta excusas. Qué difícil es iniciar algo de adulto cuando eso que empezamos sólo depende de nosotros mismos. Siempre hay algo que atenta contra nuestro propósito de comenzar a pesar de que nada es en realidad capaz de detenernos. Siempre hay algo interno que nos traiciona con esos pensamientos saboteadores: "mejor espero", "cuando tenga plata", "cuando tenga más tiempo". Por eso me encanta el personaje de Forrest Gump, y quizás en estos días me siento como él en esa escena en que despide a su pequeño antes de subir éste al autobús escolar por primera vez en su vida.

La gran mayoría de nuestros comienzos tienen un final díficil de pronosticar con exactitud. Al iniciar la escuela, no sabemos si seremos biólogos, directores técnicos de una selección de fútbol, diseñadores o desertores escolares. Al comenzar con un nuevo empleo, no sabemos con exactitud cuánto duraremos en él, ni sabemos si será realmente la puerta que se abra a otras mejores oportunidades o la puerta que se cierre y nos aísle del avance. Igualmente, cuán impredecible puede ser una relación de pareja que nace.

Podemos tener un objetivo y a diario imaginarnos su logro como una manera de motivarnos, podemos aplicar los métodos que otros han probado para conseguir nuestras metas, podemos tener el conocimiento y el carácter necesarios; y descubrir luego que no es lo que esperábamos, que ya no es lo que queremos, que las maneras eran erradas, que una mala decisión nos cambió el curso, o que algo mucho más provechoso nos llegó sin preverlo. Hay una mínima dosis de caos que nos lo hace todo, si bien interesante, difícil de controlar a plenitud también.

Y los adultos queremos tener control de todo. Se supone que debemos tenerlo. Nos preparamos para evitar el azar, para comenzar en A y llegar a B siguiendo la línea más recta posible.

Pero los niños pequeños no piensan en llegar a B. Ni siquiera saben que están en A y no saben que están comenzando. Su pasado es breve y su futuro se limita a presentir la consecuencia inmediata de lo que en este momento están haciendo. Sin embargo, cada día es un inicio, una primera vez, una sorpresa, un descubrimiento, un paso más hacia B, hacia K, hacia P, hacia algún punto porque todos son posibles y no hay por qué pensar que alguno será malo.

Con esa ingenuidad de infante en kindergarden comencé a escribir este blog hace exactamente un año. Aunque mi motivación era clara, no pensé en continuidad ni en meta. No sabía si sería una actividad persistente ni sabía en qué iría a terminar mi propósito. Ni siquiera sabía que era el comienzo de algo que no veía. Ahora me he puesto a compilar todas estas notas en un gran archivo de texto para luego compartirlo como un e-book, y es sorprendente para mí que ya esté rondando las 200 páginas. Sin saberlo, hace un año empecé a escribir el libro que por muchísimo tiempo quise realizar. Increíble. Ahora me siento muy agradecido con quienes me han estado leyendo por ser esos expectadores omnipresentes que también motivan al artista en mí. He confirmado que, como bien dice una canción que me gusta mucho, "la finalidad de partir no es llegar".

Por supuesto, lo importante es que queramos partir y partamos; lo importante es que queramos comenzar y comencemos, aunque el final sea incierto.

(Dedicado a Dayana y a Chucho)
____________
Notas relacionadas:
luiserQuantcast

8 de septiembre de 2009

De cuando el jurado de Latin American Idol me invitó a cenar

El destino (¡otra vez el destino!) me llevó a esa fiesta en casa de un alto ejecutivo de SPE Networks para agasajar a las que poco después serían las celebridades de Latin American Idol: Erika de la Vega, Monchi Balestra, Elizabeth Fuentes, Jon Secada y Gustavo Sánchez. Yo sólo era un invitado inconexo, aunque conociera de años a mucha gente en el lugar. Mi presencia era extraña aun teniendo yo tanta relación con lo musical, simplemente porque en ese momento mi quehacer era más anónimo. Si había alguien que podía ser ignorado esa noche, ese alguien era yo.

Pero fue una velada para comprobar que la buena energía da sorpresas gratas.

A los pocos minutos de llegar los esperados invitados de honor, Gustavo, uno de los que harían de jueces en el nuevo show de talento vocal y ex-mánager de Chayanne, se acercó al pequeño grupo de personas en el que yo me encontraba y parecía no querer apartarse de nuestra compañía. La gente se acercaba y lo saludaba, otros venían y tomaban sus fotos para el recuerdo o la reseña de prensa, y él no se retiraba, seguía ahí charlando muy amenamente con nosotros, contando muchas anécdotas interesantes de su vida, mostrando la sonrisa fácil de quien es amigable sin esfuerzo, de quien no está acostumbrado a ser famoso, de quien se siente intimidado por lo que está por venir.

Creo que fui la persona con quien Gustavo más conversó esa noche. Yo no era de la TV, ni periodista, ni fan, ni cantante buscando audicionar para la competencia, ni empresario de disquera, ni entrevistador de radio. Yo era desconocido, como en cierto grado era él entonces; y yo me sentía fuera de lugar, como sin duda creo que él se sentía también, a pesar de que eran su fiesta, su show y sus compañeros de proyecto. Yo no intimidaba, ni él me intimidaba a mí. Siempre sentí la buena onda de quienes se están comenzando a conocer.

Sin planearlo ni esperarlo ni propiciarlo, me vi a la noche siguiente cenando con él, Elizabeth y mi esposa en el hotel en el que se hospedaban, charlando sobre las cosas curiosas de la audición ese día, algunas historias personales de Gustavo que me parecían enriquecedoras, y los cuentos de Elizabeth trabajando con Willie Colón y Ricardo Arjona. Y yo me preguntaba por qué: por qué estaba yo allí compartiendo con gente influyente por la que años atrás habría hecho lo imposible por conocer y conquistar para avanzar en mi carrera; por qué no me interesaba impresionarlos como artista y ganarme su referencia en una industria tan competida; por qué, existiendo mucha más gente directamente relacionada con su trabajo que seguramente habría querido estar allí, era yo quien estaba en esa mesa pasándoles la sal. Aunque mi intención era en esencia ser también un buen anfitrión en mi ciudad y aunque mi sincera simpatía era correspondida, nunca sentí que fuera yo tan especial como para merecer esa agradable coincidencia, agradable por estar con quienes prometían ser futuros buenos amigos.

Al año, después de una primera temporada de Latin American Idol exitosa, después de discutir con los jueces frente al televisor y de enviarles sugerencias por email para una competencia que --lamento decir-- me parece muy disociada con la realidad de la industria musical y con los valores que debería acentuar, nació mi hijo; y, mientras veía yo babeado a esa criaturita en su camita de clínica, alguien tocó a la puerta de la habitación.

Era Gustavo Sánchez. Se había escapado de las segundas audiciones en Caracas para traerle un inmenso regalo de bienvenida al bebé. ¿Por qué? Porque la buena energía da sorpresas gratas.

El destino (¡y sigue!) también me ha hecho perder contacto con toda esa gente de LAI, pero ahora mi hijo tiene como DVD favorito una copia de un episodio del programa, que se sabe de memoria. Cada vez que me ve, me pide que "le ponga Idol", y cada vez que reproduzco ese disco, disfruto del que es ahora mi artista favorito: un niño de dos años y medio que baila y canta con un microfonito de juguete.

Mañana comienza la cuarta temporada del show y, Gustavo, sé que esta vez no estarás como juez. Sin embargo, si lees esto, te he de decir que, sin saberlo tú, te hiciste parte de lo que ha encendido la chispa musical en mi hijo.

La buena energía da sorpresas gratas.
____________
Notas relacionadas:

7 de septiembre de 2009

70 profesionales de la música dan sus consejos (3)

7. Justine

La industria musical ha cambiado desde los 80 hasta hoy en día. Las que no cambian son las motivaciones que impulsan al músico a hacer conocer sus creaciones y a compartir su arte con los demás. Si decides divulgar tu música, o sea, dejar que otros te escuchen (“hago música para expresarme y que me escuchen, por ende, soy”), debes estar claro en cómo definirás tu vida.

Sin hacer ningún juicio o calificativo, pregúntate primero: ¿Usarás tu arte también como un modo de ganar tu sustento económico? ¿Dejarás que tus escuchas fluyan y contribuyan en tu conversación con ellos (a través de tu carrera) o será una vía “one way”, o sea, un monólogo? ¿Simplemente querrás expresarte y ya, sin intereses económicos ni necesidades materiales o necesidades del ego? ¿Te motiva el reconocimiento en esta era de inmediatez mediática, es decir, hacer música sólo como vehículo para obtener tus 5 minutos de fama, 5 años, 5 décadas? (el tiempo es algo relativo; el músico pasa por esta vida, pero la música es inmortal).

En fin, la música debe ser un derecho natural para cada ser y no un privilegio. Si hubiese entendido esto mucho antes cuando comencé a creer en mi voz y mi ser como instrumento para crear placer y bienestar, quizás no me hubiese angustiado tanto en hacer decisiones para balancear lo que el espíritu pide (expresión) con lo que el cuerpo necesita (alimentarse). Afortunadamente, la vida misma te da las herramientas para definir ese balance, que es único para cada quien, con medidas y proporciones adecuadas a lo que cada músico o artista decida creer y crear.

Nunca olvido que mi instrumento de expresión (la voz, mi ser total) depende de mi salud integral. Por ende, siempre concibo la música profundamente ligada a la salud. Eso sí lo supe desde el principio y ¡por eso a través de tantos años sigo expresándome a todo pulmón!

Justine es una cantante y bailarina venezolana con una extensa trayectoria en la TV y en el escenario. Su estilo único que combina una muy expresiva voz con enérgica danza puede apreciarse también como parte de la banda Majarete. http://www.myspace.com/majaretesm


8. Pedro Castillo

Fíjate siempre en lo que hacen los profesionales y actúa como ellos.

Pedro Castillo es uno de los cantautores y guitarristas más versátiles en Venezuela, con una carrera que ha producido numerosos éxitos profesionales como solista y junto a bandas reconocidas, como Témpano y Aditus. Pedro también es un cotizado locutor. http://www.pedrocastillo.com


9. Rubén Gutiérrez

Sé honesto; el público siempre valorará lo que realmente eres, no lo que pretendes ser. Toma riesgos, sé creativo. En la música no hay reglas, ni hay una sola manera de hacerla. Nunca es tarde para comenzar ni hay una edad para realizar tus sueños; siempre hay una oportunidad. Cuida tus opiniones sobre otros músicos y artistas; primero logra tus objetivos, toca en vivo, graba tu música. Criticar es fácil, pero realizarse en la música puede ser toda una odisea. Mejor apoya y colabora con tus colegas y recibirás lo mismo eventualmente. Pase lo que pase, nunca dejes de soñar con lo que quieres.

Rubén Gutiérrez es guitarrista y pieza clave en una de las agrupaciones más particulares y exitosas de Venezuela, Gaélica, una interesante propuesta que gira en torno a la música celta. http://www.gaelica.net


10. Willie Croes

"El que mucho abarca, poco aprieta". Con este dicho popular me quiero referir a aquellos músicos que no saben decir que no y quieren ser parte de todos los guisos [proyectos] y tocar con todo el mundo, no pudiendo muchas veces cumplir y quedando mal siempre con alguno, bien sea por cuestiones de agenda (2 toques el mismo día) y porque nunca llegan a aprenderse un show como es. Es un mal que vemos muy frecuentemente estos días. Mi consejo: aprende a decir que no y dedícate a hacer sólo lo que puedas hacer.

Willie Croes es un respetado músico, arreglista y productor musical venezolano egresado de la Berklee College of Music en Boston, que ha trabajado con artistas como Yordano, Franco De Vita, Elisa Rego, Guaco, Cecilia Todd, Menudo, Sergio Pérez, Guillermo Dávila, Frank Quintero, Willie Colón y Carlos Baute. http://www.myspace.com/williecroes
____________
Notas relacionadas:
Related Posts with Thumbnails