10 de diciembre de 2010

Celebración (Episodio 1)

Hace un par de semanas la inspiración me atrapó mientras veía una película de Woody Allen, un director que me gusta mucho. Mientras disfrutaba de la siempre disfuncional relación de Allen con Diane Keaton, hice mi ejercicio mental para conseguir los versos de una canción que decidí titular Celebración:

tengo aire y tengo agua
tengo alma y el deseo
tengo magia y tengo fe
tengo hoy y tengo tiempo

tengo pan y tengo pulso
la luz y el desafío
el paso y el comienzo
y gente que quiero conmigo

es mucho
es tanto

tengo tierra y tengo fuego
tengo el mapa y los motivos
frente a mí un futuro incierto
mis relatos y mi sitio

es mucho
es tanto...

En el 96 hice un tema que llamé Mucha gente, una oda a tantas personas que llegaban a mi historia como producto de mis trabajos como artista. Llegué a grabar la música, pero la letra la perdí, así de sencillo, y nunca la terminé. Desde entonces, tenía pendiente hacer algo que sirviera de agradecimiento. Soy un eterno agradecido. Doy gracias por cada segundo mío y, en especial, por cada segundo que alguien pueda regalarme.

También celebro tener todo lo mínimo que necesito para vivir feliz, que para muchos quizás será muy poco. Celebro haberme dado cuenta de ello: es tanto lo que sobra y lo que requiero ya lo tengo. Así que por ese camino me fui al comenzar a escribir esta nueva letra.

Pero esa noche, en compañía de Woody, llovía a cántaros en mi ciudad, y llovía el cielo entero en otras tantas. Casas empezaron a caer y gente empezó a perder mucho: su vida, la de esfuerzos y la que hace latir al corazón.

Es cuando a alguien como yo se le rompe algo dentro, porque el agradecido sufre un poco cuando otra persona no tiene aquello que puede agradecer también. Siendo yo un músico --no un médico, un bombero o un alcalde--, lo que hago se volvía ahora tan superfluo, trivial, irrelevante, al ver de cerca que la gente tiene otras prioridades más vitales. En consecuencia, dejé la nueva canción a un lado y entré en ese raro luto solidario en el que la consideración es lo primero.y el hacer música con tono festivo provoca culpa.

¡Craso error!

Al poco tiempo, recordé lo que se discutía en un foro de músicos estadounidenses a los pocos días de la tragedia del World Trade Center en Nueva York en 2001. Ahí leí, aparte de las obvias expresiones de rabia e impotencia, a quienes decían que en su país más que nunca hacía falta medicina para el alma y que la música era ideal para ello; que salieran a tocar, a cantar ese enfado, ese dolor, esa necesidad por esperanza, ese consuelo buscado.

Y hace unas horas agarré la guitarra y comencé a ponerles melodía a las estrofas que estaba componiendo, y me emocioné al extremo, porque la letra adquirió otro sentido. Si de verdad celebro lo que digo celebrar, debería poder hacerlo aun cuando mi casa desapareciera o mi vida se volviera más frágil. Además, muchos como yo seguro sienten lo mismo, y al recordar lo que en realidad debe tener valor, nos sensibilizamos más si otros adolecen de ello.

Es cuando salimos a ayudar al prójimo.

Ahora es época de Navidad, cuando tantos celebran, lo que sea, lo logrado, lo habido, lo que hay, lo que se es, de donde se viene; y este es mi momento para crear esta canción. De inmediato, encendí un grabador, le conecté un micro, la guitarra, y comencé a registrar lo que me había salido, sólo para dejar la idea espontánea y el boceto con el cual terminar luego. Aquí les dejo un extracto de lo que quedó, crudo, sin ensayo, con errores, sin retoques, sin ediciones, como si estuviera cantando en el estar de su casa; sobre todo porque hay otra cosa que celebro: saber que, para hacer música, no necesito mucho.

Disfruten, y agradezcan lo que son y lo que tienen.

Celebración, por luiser

____________
Notas relacionadas:
Related Posts with Thumbnails