3 de junio de 2011

6 reflexiones para el músico que quiere renunciar

A veces he querido renunciar a lo que hago, a lo que quiero hacer. Creo que la primera vez fue hace unos 20 años, cuando al fin sentí que los obstáculos son muchísimos y muy insalvables.

La última vez fue ayer. Sí, este servidor vuestro que puede parecer indetenible e indestructible (una especie de Iron Man musical) a través de lo que canta y de lo que aquí escribe, se deja agobiar de vez en cuando. Y un problema que tengo es que no sé a quién recurrir para reanimarme y recobrar fuerzas. Si busco a alguien que no se dedica a lo mismo, siempre corro el riesgo de escuchar lo típico: "Sí, es un mundo injusto e ingrato". Si recurro a mis colegas para sentir solidaridad, corro el riesgo de iniciar una epidemia; "Oye, sí, a veces eso es lo que provoca, mandar todo al infierno".

Y qué casualidad: hoy le escucho a otra persona que se ha esmerado por vivir para hacer lo que mejor hace (cantar sus propias canciones de la manera más sublime que se puede) que "quizás deba dedicarse a otra cosa".

Se inició el contagio. Me dio fiebre y empecé a estornudar. Ah, y algo de dolor, porque no sólo duele decir esas cosas, también duele escucharlas. Así que a esta hora (1 a.m.) vengo a escribir lo que quisiera escuchar cada vez que quiero abandonar; no importa que lo haya dicho antes, que sea reiterativo; para leerlo la próxima vez (porque sé que me obstinaré de nuevo en algún momento):

1
Tienes una capacidad que muchos anhelan y/o admiran. Si la niegas, desechas o anulas, no sólo te aniquilas a ti mismo, sino que harías lo equivalente a pisotear un plato de avena frente a una víctima de hambruna.

2
Te sentirás miserable si lo haces. No es una amenaza hueca; no es como decir que te comerá el coco; es que ya te has sentido así y sabes que será consecuencia.

3
¿Y tu fuerza? ¿Y tu poder? ¿Y tu magia? ¿Y tu fe? ¿Y tu pasión? ¿Son menos grandes que los de aquellos que te agobian? La gente infeliz nunca puede pagar deudas. La gente débil nunca puede superar nada.

4
Recuerda esa sonrisa, aquella que viste genuina, auténtica, sincera, real, de quien una vez se acercó y te expresó que aprecia lo que haces. Recuerda la felicitación o el aplauso de verdad; basta que sea de una sola persona. No son para inflar egos; son para agradecer, para estimular, para motivar, para pedirte de vuelta, para decirte que sigas, para que no abandones porque ellos necesitan ver que hay gente que no abandona lo que ama. Alguien quiere tu música, no sólo la que hiciste, sino la que harás. Eso es un compromiso. Te debes. Si sólo eres un aficionado, seguro no te cuestionas y no te planteas dejar de hacerlo. Pero si eres o quieres ser un profesional, lo que haces es un servicio público. La sociedad necesita música. Si no la ofrece quien sabe hacerla, ¿a quién recurrir?

5
No tienes que hacer las cosas como los demás. No tienes que lograr lo mismo. Tu valor no surge al compararte. Tu desarrollo no se mide con el de otros. La partida y la meta están dentro de ti, y es una carrera en la que eres el único competidor. La única persona con la que debes hacer comparación es contigo mismo y, aunque sea en un mínimo grado, siempre eres mejor que ayer.

6
No es tu maldición
No es un castigo
Ni siquiera es sacrificio
Es una bendición
Es tu suerte
Es lo que eres
Es lo que quieres
Es lo que das
Es lo que te nace
Es lo que vives
Es lo que quieres vivir
Es como quieres morir
Es tu sonrisa
Es tu inspiración
Es lo que inspiras
Es tu lenguaje
Es tu identidad
Es tu razón
Es tu deber
Es tu misión
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